Las mancebías en Huelva en la Edad Media

No es una novedad eso de que el personal se acerque hasta Huelva para disfrutar de un ocio para adultos de calidad. Podemos remontarnos hasta la Edad Media para seguir el origen de este fenómeno.
Gracias a su enclave geográfico en la desembocadura del Guadalquivir y de los ríos Tinto y Odiel, Huelva era una ciudad portuaria que se consideraba daba entrada a la península Ibérica a todo tipo de naves. La actividad de su puerto era considerable, y ya se sabe, donde había marineros que pasaban meses e incluso años en el mar sin ver ninguna mujer y por fin ponían pie en tierra, las ansias de catar hembra podían crear muchos conflictos; así no hubo más remedio que intentar que allí encontraran alivio a sus necesidades carnales.
Además, desde la Reconquista, la propia corona de Castilla había impulsado la creación de las mancebías. Los reyes eran conscientes de que las ansias de sexo de tanto soldado que tras la batalla quedaba sin nada que hacer, y de los campesinos que repoblaban la zona sin compañía femenina, podían ser las culpables de que surgieran peleas, conflictos y rencillas; así que decidieron hacer de la prostitución un negocio legal, que prestara servicio a la Corona en dos sentidos: uno, en aplacar los ánimos de los hombres excitados por la falta de relaciones carnales con mujeres, y otro, en tener una fuente de ingresos llevándose una parte de las ganancias.

Estas mancebías se creaban en lugares específicos, generalmente en las afueras de la población, y tenían sus propias reglas para funcionar. Eran regentados por “el padre”, algo así como un proxeneta oficial (un chulo, para que nos entendamos), que percibía una parte de las rentas recaudadas pero que a cambio debía mantener a las putas que convivían con él, proporcionándoles casa, comida y mudas de ropa limpia. Por otro lado, estaba prohibida la visita a estos lugares de los hombres casados, pues se suponía que ellos ya podían aliviarse más mal que bien con sus propias esposas; y tampoco se permitía la bebida o el juego dentro del establecimiento, pues para tal fin ya existían otros lugares. Las prostitutas debían vivir exclusivamente dentro de la mancebía, que debía cerrar sus puertas los domingos después de la misa de la mañana, y debían mantener ciertas normas de higiene y limpieza, para evitar ser foco de enfermedades o infecciones.
En Huelva, estos establecimientos se ubicaron junto a la zona del puerto, por la afluencia no sólo de los marineros, como ya he mencionado, sino también por los viajeros que desembarcaban allí sin seguir viaje hasta Sevilla. La ciudad como tal no tenía bastante población en principio para necesitar una de estas mancebías, que solían concederse a núcleos mucho más habitados, pero el trasiego del puerto obligó a organizar la prostitución que se quisiera o no iba a originarse allí, y que terminó por ser al fin un negocio lucrativo para muchos, incluyendo las autoridades.
Sin embargo, no todo acabó con la creación de estas mancebías en el medievo. Al final del siglo XIX, los registros de la ciudad reflejan como hubo ciertas “señoras” (claramente madames que regentaban burdeles), que pidieron abrir establecimientos similares a ellas en otras ubicaciones de la ciudad alejadas del puerto. Y como se concedieron, es de suponer que el negocio del sexo y la prostitución también floreció en otras partes de la ciudad.
Como veis, Huelva puede presumir de dar alivio y disfrute a cualquier visitante que lo desee, en épocas pasadas y también en la actual.